Reírse de uno mismo

27 marzo, 2016 | 10:22 AM | Imprimir

Ética y Sociedad

-Santo Tomás Moro era conocido por su buen humor. Una de sus frases famosas es: “felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse”.

Las mejores personas que conozco tienen esa característica en común: estar siempre de buen humor y saber contagiarlo a los demás. El buen humor es manifestación de alegría y de paz, precisamente las mejores señales de tener una buena relación con Dios y con los demás.

Para tener buen humor, nada mejor que aprender a reírse de uno mismo. Es señal de buena salud espiritual. Así mostramos que somos personas normales, con cualidades y defectos. Si lo hacemos manifestamos nuestra categoría.

Es absolutamente necesario para hacer frente a las mayores dificultades que puede enfrentar una persona.

Parece un contrasentido pero te tomas en serio tu vida, cuando aprendes a reírte de ti mismo. En cambio, das verdadera lástima cuando te pones serio, o te tomas muy en serio. Te conviertes, sin quererlo, en un hazmerreir sin ninguna gracia, alguien sin pena ni gloria.

Es la mayor y más soberana necedad en la que podemos caer. Es como echarse incienso inconscientemente. Endiosándote te desfiguras y te vuelves antipático, alguien que repele a los demás. Dios se goza en ti cuando te ríes de ti.

Al reírte de ti mismo, eres auténtico y humilde. Muestras tu lado humano, con todas sus consecuencias. Vivimos en la verdad, al aceptar que somos mortales, limitados y que nos equivocamos.

Ríete con ganas, sin temor a exagerar. Siempre puedes reír mucho más de ti mismo. Analízate, con buen humor, decidido a sacar punta graciosa a todas tus acciones. Siempre te sobrarán motivos. Al reírte de ti mismo, relativizas lo relativo, reconociendo– con gallardía y buen humor – que sólo Dios es Dios.

Proponte llegar a ser un profesional en esta materia. Ríe de tus “originalidades”: rarezas, meteduras de patas, ocurrencias, olvidos, manías, limitaciones, fallas, reacciones instintivas… es, no te quepa duda, una ocupación divertida y beneficiosa.

Descubrirás en ello una fuente inagotable de sorpresas. Riéndote de ti mismo, encontrarás facetas, inéditas y sorprendentes, de tu personalidad. “De forma anormal” sueles poner cara seria, adoptando posturas solemnes, empleando lenguaje complicado, dramatizando todo lo que te sucede. Deja de exagerar tus cualidades, también tus defectos.

No es para tanto. Normalízate, pon buen humor en todo lo que piensas y haces, teatralizando actitudes, ríe a carcajadas hasta de tu propia sombra.

Esta manera de vivir te llevará a hacerte niño. Sencillo, sincero, original, humano y auténtico. No te darás aires de importancia. No te hincharás como un globo de feria, que sube en apariencia y termina en ceniza. Para no cometer tan olímpica necedad, remédate, ríete de tus poses, de tus chifladuras, de tu manera de ser y expresarte.

Si encuentras un caricaturista, pídele que te haga una caricatura. Te ayudará a recordar que lo más serio que puedes hacer en tu vida, es tomarte a broma. Coloca esa caricatura en un lugar visible, para mantener tu actitud permanente de buen humor.

Serás sabio si sabes encontrar tu lugar. Para tener los pies puestos en la tierra, en la realidad de lo que eres, de vez en cuando, te hará bien mirarte al espejo. Para reírte por supuesto. Consejo práctico cuando estés enfadado, humillado o pierdas la paciencia contigo mismo. Reconoce que no sabes hacer bien el papel de payaso. A veces, te empeñas en hacer lo que no debes, y haces el ridículo miserablemente.

Ridiculízate, a conciencia, para ser inteligente. La auténtica sabiduría nace de la humildad. Si te tomas en serio, te absolutizas, te endiosas, te idiotizas. Encuentras tu verdadera dignidad cuando descubres que eres una persona de carne y hueso, no un ángel, tampoco un robot que aspira a la inhumana perfección.

Haz pequeños gestos de reírte de ti mismo. Repítelos, conviértelos en hábito, en una actitud, en una forma de ser, en un programa de vida. Examínate objetivamente, buscando motivos para sonreír. Pon mirada de buen humor a tus pensamientos y acciones. Así vivirás al día; seria e intensamente. Atraerás a los demás con tu sonrisa.

Es verdad, eres limitado, débil y pecador. Sin embargo, tu llamada a amar a Dios y a los demás saca lo mejor de ti mismo. Te engrandeces cuando tomas, muy en serio, a Dios, y aprendes que dependes de Él para todo.

Cuando comprendes y disculpas las debilidades y fallos de los demás. Cuándo tienes una actitud habitual de ayudar las necesidades de todos.

De esta manera, tu vida entera transcurrirá bajo la mirada del Dios-buen-humor que, por ser todo-amor, disfruta viéndote feliz. Siendo más humano podrás divinizarte y asemejarte a él. Al reírte de ti mismo descubrirás tu belleza original, te auto-liberarás interiormente, serás la persona que Dios desea que seas.

Juan Carlos Oyuela

Opinión Ética y Sociedad ( Juan Carlos Oyuela )

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