Roberto C Ordoñez. Su escrito de despedida

15 septiembre, 2016 | 8:51 AM | Imprimir

Le ofrecemos el último escrito de Don Roberto C. Ordóñez, preparado de su puño y letra para todos sus lectores en Diario La Tribuna y por su puesto en nuestra página web y redes sociales.

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Después de casi treinta años de escribir  semanalmente esta columna   con una que otra interrupción, creo que llegó el momento de emprender la retirada, como dice el viejo tango.

No es que se me haya  acabado  la cuerda  como la de los viejos relojes y victrolas ni muerto todas las neuronas. Estoy sano y  lúcido (digo yo).No  me duele nada.

He escrito sobre diversos temas, económicos y hasta políticos, pero el género que más me ha gustado es el costumbrista, especialmente el relativo al campo y a nuestras viejas tradiciones. Por los cometarios deduzco que también es el que más les gusta a los lectores, y aunque no lo parezca, es el más difícil.

También he criticado sanamente a todos los gobiernos. Nunca me he parcializado con ninguno. He votado por los candidatos que me parecen mejores sin importar el color de la bandera. La mayor parte de las veces me he equivocado al votar y sí pudiera,  pediría que me devolvieran los votos.

Habiendo vivido en carne propia las aventuras y desventuras de los agricultores y ganaderos, en varias ocasiones me he referido a ellos como los masoquistas del agro, porque todos los años se los lleva candangas con sus cultivos y sus hatos ganaderos, pero todos los años vuelven a sembrar y a seguir criando vacas y engordando novillos.

Aunque sea del diente al labio los gobiernos dicen que se preocupan por el agro, inventando cosas como un famoso bono tecnológico que en su gran mayoría cayó en malas manos. Los créditos baratos para el agro siguen siendo una ilusión, pues de nada sirven sí los masoquistas no tienen garantías urbanas.

Para colmo de males casi todos aparecen como morosos en la Central de Riesgos y  caer  allí es como caer al fondo de una poza azul.

He sufrido por la destrucción de nuestros bosques y les he volado maceta a los aserraderos,  que a mi juicio han causado mucho más daño al medio ambiente que todas las plagas de gorgojos e incendios forestales juntos.

El Instituto de Conservación Forestal, antes llamado COHDEFOR, nunca ha servido para nada. Ni para cuidar el bosque ni para reproducirlo. Solo ha servido para que muchos entren allí acabados y salgan millonarios.

Me rio cuando oigo sus comunicados, que se reducen a decir cuántas hectáreas se han perdido por los incendios forestales pero ellos no han apagado ninguno.

Me he referido muchas veces al excesivo número de diputados,  ahora tan fragmentados que solo llegan a armar molotes. Cuando el ex presidente Carlos R. Flores fue presidente del Congreso se aprobó una moción para reducirlos de 128 a 80, pero el proyecto murió porque no fue ratificado.

Siguen 128 propietarios y 128 suplentes, que como que ahora no son tan suplentes porque   buena parte están en la planilla devengando sueldos sin trabajar.

A otro que he tenido entre ceja y ceja y cada vez que he podido le he rumbado maceta es al inútil y caro Parlamento Centroamericano, el inocuo PARLACEN, refugio de políticos corruptos o haraganes que gozan de dispensas y otros privilegios inmerecidos incluyendo la inmunidad. Hay  excepciones, por supuesto.

La maldita burocracia, como la  llamaba el ex presidente Lobo, ha sido otro de mis temas recurrentes. Cada día sigue creciendo y mamando de las exiguas tetas de la res pública. He criticado  también la corrupción, pero  siento he arado en el mar.

Como todas las despedidas, ésta es triste para mí. Siento que una etapa de mi vida ha terminado.

Deseo expresar mi agradecimiento al ingeniero Carlos Flores; al licenciado Adán Elvir Flores; al ex gerente de “La Tribuna” ingeniero Manuel Acosta Medina y a Sandrita García por haberme apoyado y aguantado durante tanto tiempo.

Y naturalmente agradezco infinitamente a los lectores que han tenido la paciencia de leerme; de  regañarme y a veces de felicitarme.
Desgraciadamente no pude quedar bien con todos.

Parcialmente disfrutaré de la soledad, tratando de escribir un libro, entre el aroma de los pinos y el aire puro de Guajire, aldea de Lepaterique, cultivando flores para observar pajaritos y mariposas. Sembraré hortalizas y frutas para consumo familiar.

Todo tiene un principio y un final. Felices Pascuas y adiós.

Opinión Roberto C. Ordoñez.

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