Libertaria Afrenta

12 noviembre, 2016 | 9:54 AM | Imprimir

Luz Ernestina Mejía P.

-Al actual Presidente de la República también se le antojó quedarse en el poder. Qué desgracia. El más obligado a “cumplir y a hacer cumplir la Constitución y las leyes” se erige en su más grave infractor.

Es inadmisible que el afán de continuidad presidencial se justifique con el argumento peregrino de que “lo bueno debe seguir”. ¿Si fuera bueno, por qué habría de seguir si lo prohíbe la Carta Magna? Además, es para que sea bueno que se le elige.

Su obligación es trabajar, ¿por qué “premiársele”? Y peor, rompiendo la ley. Nuestra Carta Magna manda la alternabilidad en el ejercicio del poder. El fallo judicial improcedente no la derogó.

Mayor deterioro en la calidad de la democracia, el aumento de la pobreza y la profundización de la corrupción es lo que trae aparejado el intento reeleccionista. No se entiende el silencio obsecuente de la Maccih, presta a manifestarse hasta por nimiedades, así como el de otras organizaciones solventes por el combate a la corrupción.

El Presidente con sus múltiples responsabilidades, y encima con una campaña presidencial, desconoce lo que sucede. No debe saber del latrocinio a las arcas del Estado para rendir culto a su personalidad y a la de otros aspirantes de la continuación.

La reelección es corrupción. Se desvían fondos. Indispensables en la atención a tanta penuria del pueblo. Que el Presidente haga algo por detenerlo. Respetar la ley y hacer que se respete como es su deber, es lo primero.

Qué afrenta tan grande hace el Presidente a la legalidad y a la democracia. Qué argumento insólito el que es su derecho humano. ¿Y los nuestros? ¿Los del pueblo? Parecemos menos que antes los defensores de la democracia y de la Constitución de la República.

Ricardo Álvarez, uno de los abanderados de entonces, ahora por la reelección, dice “si ellos sacan diez mil, nosotros sacaremos un millón”. Aunque solo seamos mil, saldremos a la calle. Por nuestra Patria. Y con pesar, a él lo extrañaremos.

Luz Ernestina Mejía Opinión

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