De Banafom a Banadesa y ahora a Banhprovi

8 diciembre, 2016 | 4:30 PM | Imprimir

Por Arturo Alvarado Sánchez

En mis tiempos de estudiante de secundaria en jornada nocturna, inicié mi carrera bancaria en el Banco Nacional de Fomento, un banco estatal dedicado al financiamiento agropecuario fundado en el año 1950. Sea porque en la ciudad de San Pedro Sula no había mayor injerencia política o porque el banco en ese entonces era administrado de forma profesional, mis recuerdos son que el banco otorgaba créditos bien analizados y supervisados por un grupo de agrónomos que visitaban y asesoraban a los productores.

Luego en el año 1980 se cerró el Banafom bajo el argumento de que el banco no cumplía adecuadamente con su misión y en su lugar se creó el Banco Nacional de Desarrollo Agrícola (Banadesa). Ahora, 36 años después el gobierno ha decidido la fusión del Banco Hondureño para la Producción y la Vivienda (Banhprovi) con Banadesa, iniciando con una intervención de este último para que en un plazo de 30 días la Comisión Interventora presente un informe de su situación.

Continuando con las remembranzas, Banhprovi fue fundado en el año 2005 y surgió de la transformación del Fondo Nacional para la Producción y la Vivienda (Fonaprovi) como una institución de crédito de segundo piso. Este tipo de instituciones no otorga créditos directos sino que lo hace por medio de intermediarios financieros calificados, por lo que el riesgo  se disminuye substancialmente. Uno de los objetivos de Banhprovi era que fuera una institución financieramente sólida que lograra una calificación de grado de inversión, para colocar instrumentos financieros en los mercados internacionales y así obtener recursos adicionales para financiar proyectos y programas productivos por medio de los intermediarios financieros.

Aunque los objetivos que se persiguen pueden tener buenos propósitos, es conveniente repasar un poco la historia de los bancos de desarrollo estatales. La experiencia en términos generales es que no cuentan con administraciones profesionales, las políticas de crédito dirigido no favorecen a los pequeños productores rurales, la aprobación de los créditos no se sustenta en una objetiva evaluación de los proyectos debido a influencias políticas, lo que también afecta la moral de pago de los deudores que a su vez conduce a condonaciones de deuda. Adicionalmente, las tasas de interés son subsidiadas y las condiciones crediticias de carácter preferencial, lo cual a la larga afecta la solvencia financiera de dichas instituciones.

Sin embargo, existen experiencias exitosas que pueden servir para estos casos, como son: 1) Creación de bancos de desarrollo de capital mixto; 2) La desregulación de las tasas de interés, permitiendo a los intermediarios financieros un margen suficiente para cubrir todos sus costos; 3) La regulación prudencial apropiada; 4) Asistencia técnica y sistemas de riego; 5) Alianzas  estratégicas para garantizar acceso a mercados para los productos agropecuarios; 6) Despolitización y fortalecimiento profesional y 7) Institucionalización de una adecuada moral de pago.

Desde la creación del viejo Banafom han pasado 66 años y pareciera que los males que han aquejado a este y su sucesor siguen siendo básicamente los mismos. La solvencia financiera de un banco depende de la calidad de su cartera crediticia, que representa su activo principal. Los recursos de los bancos estatales provienen de los impuestos que pagan los contribuyentes y, por lo tanto, deberíamos interesarnos porque los mismos se utilicen en forma eficiente, que generen los resultados buscados, como mayor producción, bienestar para los productores y empleos. ¿Será posible que esta vez se logren estos objetivos? Solo el tiempo lo dirá.

*Exministro de Finanzas

Arturo Alvarado Sánchez Opinión

Comenta