El milagro japonés (segunda parte)

19 enero, 2017 | 1:15 PM | Imprimir

Arturo Alvarado

Ex-ministro de Finanzas

Como expresé en la primera entrega, la economía y las industrias japonesas sufrieron graves daños en la II Guerra Mundial, por lo que al finalizar esta se inició una completa modernización de su base industrial, dando prioridad a las industrias químicas, petroquímicas y de maquinaria pesada. Como resultado de este enorme esfuerzo, a mediados de la década de 1950, la producción industrial había superado los niveles anteriores a la guerra.

Para países como Honduras, que por décadas han mostrado un desarrollo económico y social lento y variable, es interesante conocer cuáles fueron los motores que contribuyeron a la recuperación y al desarrollo de la economía japonesa. En primer lugar, Alemania, también afectada por la guerra, y Japón, tuvieron a su disposición una gran fuerza de trabajo, ya que de todos los países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) eran los únicos que en los años sesenta tenían más del 60% de la población con edades comprendidas entre los 15 y 59 años.

En segundo lugar, a pesar de que como consecuencia de la guerra el ahorro nacional japonés había casi desaparecido, en los años siguientes la recuperación del ahorro permitió la realización de tasas de inversión excepcionales. La alta tendencia de los japoneses al ahorro es el reflejo de una sociedad responsable y previsora. En tercer lugar, el apogeo de Japón y otros países se logró gracias al auge industrial de esa época. Alemania y Japón eran los dos países de la OCDE en que la producción industrial global en los años 70 superaba el 50%. Los japoneses demostraron una capacidad excepcional para utilizar tecnología importada y producir con base en ella mejores productos y más baratos. Como cuarto punto sobresale el tema de la educación.

Japón estableció como meta dar al mayor número de japoneses la mejor educación posible. Se implantó la enseñanza obligatoria de nueve años, siendo obligatorio que los niños de seis a 14 años estudien. Producto de esta decisión, el porcentaje de los alumnos que ingresan a la secundaria es superior al 95%, y poco más de la mitad de los egresados de ellas pasa a alguna institución de enseñanza más alta. Los padres japoneses realizan grandes sacrificios para educar a sus hijos, reconociendo su importancia para su desarrollo futuro.

Además, el gobierno y las grandes empresas tienen sus propios cursos de estudio y entrenamiento para preparar a sus empleados. Son muchas las compañías que consideran que el mejor diploma de técnico o ingeniero existente es el que ellas mismas otorgan. En resumen, el cambio en el sistema educativo del Japón sirvió y continúa sirviendo para formar recursos humanos calificados, fundamentales en el desarrollo de un país que carece casi por completo de recursos naturales.

Es indiscutible que una de las claves del éxito japonés es el afán del pueblo por una mejor educación. En la actualidad, los productos japoneses, desde diminutos juegos electrónicos hasta automóviles y enormes buques petroleros, son reconocidos por sus altos niveles de calidad.

Las empresas japonesas tienden a reinvertir una parte sustancial de sus ventas en investigación, siendo que los japoneses no “gastan” en material bélico y militar. En mi próxima y última entrega presentaré información sobre el Japón de hoy y las políticas económicas que está siguiendo el primer ministro Shinzo Abe para reactivar la economía manteniendo simultáneamente una disciplina fiscal, después de un largo período de deflación y estancamiento. Definitivamente que tenemos mucho que aprender de la experiencia japonesa.

Arturo Alvarado Sánchez Opinión

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