¿Por qué apoyo a Luis Zelaya?

6 marzo, 2017 | 9:24 AM | Imprimir

Por Edmundo Orellana
Catedrático universitario

No es difícil contestar esta pregunta. Basta escuchar sus propuestas o platicar con él para convencerse de que es el candidato que conviene al Partido Liberal y el presidente que necesita Honduras.

Quien no lo conoce personalmente tiene una referencia irrefutable de su éxito personal. Rectoró una universidad, cuyo ascenso hacia la excelencia académica, impulsó vigorosamente hasta convertirla en el buque insignia de la educación superior privada.

Aunque se trata de una actividad de carácter empresarial, es de aquellas en las que el lucro no tiene la significación de otras de la misma naturaleza.

Rectorar una universidad privada va más allá de garantizar dividendos a los socios. El producto que ofrece al mercado no es una mercancía, sino la calidad en la prestación del servicio público educación, cuya titularidad retiene el Estado y que los particulares pueden ejercer, siempre que se apeguen a los principios constitucionales que informan la educación, vinculándose “directamente con el proceso de desarrollo económico y social del país”, como manda nuestra Constitución. Y lo ha logrado más allá de toda duda.

No es, pues, de aquellos empresarios propulsados al éxito por su deseo de incrementar su capital personal, o de un gerente de una empresa tradicional que crece disminuyendo costos para competir, sin importarle que se degrade la calidad del producto que ofrece.

Sus habilidades en gestión administrativa no vienen de incursionar en la administración pública ni de ejercer cargos políticos en el gobierno, en cuyo caso tendría algún grado de responsabilidad en la crisis sin paralelo en la que está sumido el pueblo hondureño. Vienen de impulsar la competitividad, mediante la potenciación de las cualidades personales y profesionales de nuestra juventud. ¿Qué mejor prueba de su compromiso de construir un país respetado por la capacidad de su gente, que dedicarse a garantizar la calidad profesional de nuestros hombres y mujeres del futuro?

No hay mejor cantera para cincelar un nuevo país que nuestra juventud. Es un impresionante contingente. Más del 70% de nuestra población es joven. Apostar a ellos es apostar al futuro de Honduras. Y Luis Zelaya se entregó a este apostolado.

Por eso, habla de inclusión convencido de ello, no para mostrarse atractivo. Ya lo practicó y, dentro del ámbito que se propuso, lo logró. Ahora su reto es proyectar su visión hacia todos, sin excepción, convencido de que las metas se alcanzan por medio de una institucionalidad fuerte, apoyado en la energía y la audacia de nuestros jóvenes.

No ha sido un dirigente, sino un activista de su partido. De haberlo sido, tendría su cuota de responsabilidad directa en el atropello a los principios del partido y en la afrenta sufrida por los liberales, por los actos vergonzosos que provocaron, primero, el éxodo de cientos de miles de liberales y, después la frustración, por la entrega al partido de gobierno del Poder Legislativo, del Poder Judicial y otras instituciones. Porque nadie puede imputarle comportamientos lesivos o vergonzosos contra el Partido Liberal, tiene título moral suficiente para pedir el voto liberal.

Sin atacar a sus contendientes, impulsa su campaña haciendo énfasis en lo que hará de ser presidente. Es consciente de que quienes están hoy frente a él, mañana se alinearán a su lado para enfrentar al verdadero adversario, que amenaza desde su posición privilegiada aplastar a la oposición, recurriendo a cuanto tiene a disposición, que es mucho, pero muy inferior a la voluntad del pueblo expresada en las urnas, que, de escrutarse transparentemente los votos, seguramente se inclinará por quien hoy es, indiscutiblemente, el mejor candidato de la oposición.

Porque ya reconocieron que está arraigando en el pueblo liberal y más allá, es víctima de una campaña perversa y anónima, propia de quienes saben que están perdiendo terreno y no tienen otro recurso que apelar a la ignominia. Ningún otro candidato liberal ha sido atacado con tal saña. Por el financiamiento que demanda esa sucia campaña, no es difícil identificar el responsable, quien, seguramente, ve en Zelaya el candidato más difícil de vencer en elecciones generales. El pueblo es intuitivo e identifica las injusticias fácilmente, repudiándolas. Por eso, en lugar de debilitarlo, esos ataques lo fortalecen.

El pueblo es un juez implacable, como siempre lo ha sido. Los pueblos se desahogan en las urnas y en ellas vierten, no sus odios, sino sus esperanzas, las que depositan en los más confiables, porque saben que es su futuro el que se juega en las urnas.

El 12 de marzo la pugna será entre hermanos liberales. En noviembre será entre la libertad y la dictadura. Y en la defensa de la libertad, ninguna corriente del pensamiento político en la historia universal y nacional tiene más y mejores cartas de presentación que el liberalismo. De ahí, que para evitar que el país se precipite al vacío, es inexcusable la asistencia de los liberales a las urnas, para votar por quien más conviene. Evitemos llorar mañana como niños lo que pudimos defender como adultos hoy.

En conclusión, la opción es, inequívocamente, Luis Zelaya.

Edmundo Orellana Opinión

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