El porqué de las desconfianzas (II)

10 marzo, 2017 | 2:20 PM | Imprimir

MIGUEL A. CÁLIX MARTÍNEZ

-La desconfianza es un fenómeno común en la región. Latinobarómetro así lo destacó en su informe que compilaba conclusiones de veinte años de mediciones de opinión pública (1995­2015) y al cual, apropiadamente, intituló “La confianza en América Latina”.

La desconfianza interpersonal entre los latinoamericanos es de las más altas del orbe: ocho de cada 10 personas no confían en “el otro” (en Honduras solo el 15% de las personas consultadas manifestaba que podía “confiar en la mayoría de las personas”).

Siendo la desigualdad uno de los principales problemas de la región, los autores argumentan con justeza que en ambientes donde inmensas mayorías buscan disminuir su propia desigualdad, lo harán a toda costa, pasando por encima de todas las reglas si fuera necesario.

Así las cosas, es difícil anticipar el resultado de cualquier acción normada, por pequeña que sea (como respetar las reglas de tránsito), que no será como se prevé. En ello radica la confianza: la esperanza que se tiene en que algo sucederá o la posibilidad de anticipar que los eventos ocurrirán. La baja confianza interpersonal, por tanto, está imbricada con esa desigualdad y provocará desconfianza de la gente hacia las demás interacciones entre personas e instituciones.

En prácticamente toda la región, las iglesias son las instituciones que inspiran más confianza, seguidas por medios de comunicación y las fuerzas armadas (como se notará, los resultados son similares al sondeo de opinión pública del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC) de la Compañía de Jesús ya citado). Por el contrario, las denominadas “instituciones de la democracia” (como partidos políticos y parlamentos) aparecen ubicados en el otro extremo, porque inspiran menos confianza.

El estudio de Latinobarómetro muestra además una tendencia preocupante en los últimos veinte años: cada vez menos gente confía en ellas siendo mayor el crecimiento de “desconfiados” en las generaciones más jóvenes. ¿Por qué los altos niveles de confianza en las iglesias, medios de comunicación y fuerza armada?

¿Por qué la alta desconfianza en partidos y congresos? La mayoría de estudios de opinión pública no profundizan en ello, pero los niveles de confianza tienen mucho que ver ­como se ha dicho antes­ con la certidumbre que se espera o no de sus acciones e intervenciones.

En medio del caos cotidiano (en que ninguna regla se acata), las instituciones cuyos procesos lucen más ordenados y sujetos a normas que se cumplen (sin cálculo ni subterfugio) salen mejor paradas que aquellas en las que una maquinación, acuerdo interesado o desenlace de último minuto, dan al traste con las previsiones más sensatas. ¿Y qué confianza inspiran las instituciones electorales?

La encuesta del ERIC muestra que a fines de 2016 un 73% desconfiaba de los procesos electorales de 2017, valor que se corresponde con la baja confianza institucional que inspira (por ahora) el Tribunal Supremo Electoral (22%). Vale decir que no siempre ha sido así y que esa confianza ha variado con el paso del tiempo. La próxima semana dedicaremos unas líneas a explicar las razones.

Miguel A. Cálix Martínez Opinión

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