De nuevo el Partido Liberal

20 marzo, 2017 | 2:32 PM | Imprimir

Por Edmundo Orellana
Catedrático universitario

Lo que sucedió en el PL este 12 de marzo es inédito y debe anunciar algo nuevo. Si el fenómeno político que resultó ser Luis Zelaya, no va más allá del resultado electoral, el liberalismo no avanzará hacia su reivindicación.

Ese suceso no indica que Luis Zelaya sea un líder cuyo carisma sea irresistible para los liberales. Como ocurría en tiempos de los grandes líderes del liberalismo del siglo pasado. Es hacia otra dirección que debemos ver. Hacia el votante liberal. Votó, no como siempre, con el corazón, sino con el cerebro.

En esta ocasión, no se dejó guiar por el discurso encendido, sazonado con frases impactantes e impostaciones de voz. Escuchó con atención, diseccionó el mensaje y se inclinó por quien les habló sosegadamente, apelando a la razón, no a los instintos. Escenario impensable en el siglo XX, en el que las pasiones se imponían al discernimiento. El votante liberal, votó diferente, sin duda.

La propuesta apunta al fortalecimiento de la institucionalidad. Entendiendo por esta la despolitización partidaria de las dependencias gubernamentales y la supresión del favoritismo. En otras palabras, que la selección y nombramiento de los titulares de las entidades gubernamentales no obedezcan a arreglos partidarios ni a intereses distintos del interés nacional. Que sea el mérito personal y profesional, debidamente acreditado, lo que determine el nombramiento.

Con ese método se asegura que quienes conduzcan el Poder Judicial, el MP, el TSC, el TSE, las secretarías de Estado, las instituciones autónomas y demás dependencias, sean personas capaces, comprometidas con el país y apegadas a la ley.
El magistrado, juez y fiscal seleccionados por sus méritos y conscientes de que en estos radica su estabilidad en el cargo, constituyen una trilogía imbatible en la lucha contra la impunidad.

Como funcionarios capaces y comprometidos con el país, se garantizan políticas públicas que se orienten a la supresión o debilitamiento de los factores que impiden el desarrollo económico y social. De ahí, que la inclusión en el proceso productivo sea el planteamiento medular de la propuesta. Se parte del acceso al crédito, a la capacitación, a la tecnología y al conocimiento del mercado, para generar una nueva generación de emprendedores, que tengan la doble visión de atender las necesidades del mercado local y del mercado global.

Por supuesto, que también favorecieron algunas cualidades personales del candidato. Pero no fueron las que sedujeron a los liberales históricamente.

Aquí lo importante, es que apreciaron otras cualidades, más próximas a lo que demanda la sociedad globalizada del siglo XXI.

El candidato liberal tiene ahora el deber de unir al partido y de liderar la oposición contra el candidato oficialista. Las mismas cualidades suyas que convencieron a los liberales, atraerán a los independientes y a los miembros de otros partidos, que no aciertan a identificar una opción convincente dentro de los suyos.

La tarea no es fácil. Las primeras dificultades las encontrará dentro de su partido. Aquí también hay, en todos los partidos, de aquellos a quienes acusaba Trump, en su discurso de investidura, de aprovecharse del pueblo. Esos ven más por sus intereses que por los del país. Superar estos obstáculos será lo más difícil.

No obstante, su determinación, demostrada ampliamente hasta la fecha, podrá conducirlo hacia la victoria, siempre que escoja el camino que lo lleve a su encuentro.

Por ahora, ya hay ganancia. El resurgimiento del Partido Liberal. Lo que sigue es su renovación y elevarlo al primer lugar. La victoria en estas elecciones generales, es, como decía Villeda Morales, un “imperativo categórico”.

Edmundo Orellana Opinión

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