¿Complemento o sustituto?

31 marzo, 2017 | 3:32 PM | Imprimir

Por: Julio Raudales

La semana anterior expresé desde este mismo espacio, mis inquietudes respecto al uso que el país está dando a sus recursos con el fin de generar riqueza futura. A estos esfuerzos suele llamárseles inversión.

La inversión puede ser pública o privada según sea su origen y financiamiento. Esta bifurcación no es casual: aunque hace bastantes años los gobiernos dedicaban muchos esfuerzos a la generación de proyectos productivos bajo el argumento de una buena comprensión política de las necesidades nacionales, parece que el impulso se perdió bajo el manto de la ineficiencia y corrupción que parecen ser el incentivo mayor de la burocracia mal entendida.

Es así como desde hace algunas décadas, nuestros países propugnan por dejar al sector privado la promoción de productos con demanda explícita con el fin de que sea el mercado quien determine de manera eficiente el uso de los recursos, y limita la acción gubernamental a la generación de aquellos cuya producción está fuera del mercado por tratarse de bienes públicos sin una rentabilidad privada precisa.

Claro que la división del trabajo entre sector público y privado en la gestación de proyectos de inversión no siempre es tan precisa: el gobierno sobre todo, sigue cayendo en la tentación de producir para el mercado. Hay que hablar además, de la fuerte irrupción que los empresarios han emprendido en la generación de bienes públicos, especialmente por el uso erróneo de las llamadas APPs.

Esperaré otra ocasión para referirme al tema de las Alianzas Público-Privadas. Por hoy quisiera compartir a los lectores, mis apreciaciones sobre lo que hace el gobierno para apoyar la producción nacional y por ende el crecimiento de la economía.

En sus cuentas nacionales, el Banco Central de Honduras nos muestra que para el 2016, el esfuerzo de inversión total del país representó el 21% de la producción hondureña. En realidad es poco si la comparamos con antaño. Pero quizás lo peor es que de este esfuerzo por aumentar nuestro acervo de capital, la inversión pública sigue siendo extremadamente magra: apenas 3.3% del PIB.

La pregunta obligada es: ¿Serviría de mucho que mejorase la participación de la inversión en el PIB hondureño? Pues parece que no. Si bien es cierto, en los años 90, las tasas de inversión con respecto al PIB eran de alrededor del 30%, similares a las de Corea del Sur y Taiwán, el crecimiento de la economía hondureña nunca dejó de ser mediocre (al rededor del 3% anual). Parece entonces, que no se trata de invertir más, lo que debió y debería hacerse es invertir mejor.

Y es en esto último que deseo centrar mi reflexión de hoy: El gobierno sí tiene un rol importante que cumplir en la promoción del crecimiento económico: debe impulsar proyectos de inversión socialmente rentables y que sean complementarios al esfuerzo privado para generar riqueza.

Lo anterior no es tan trivial como pareciera verlo a veces la clase gobernante: Existen métodos y técnicas muy refinadas para definir la rentabilidad social de un proyecto de inversión. Si nuestros gobernantes lo tuvieran claro, ese 3.3% de inversión pública con respecto al PIB podría significar 1 ó 2 puntos porcentuales adicionales en el crecimiento económico.

Desgraciadamente, los criterios seguidos por los presidentes y sus ministros suelen tener otras motivaciones y es por ello que los esfuerzos no rinden los frutos esperados.

¿Quién midió por ejemplo, la rentabilidad social de un centro cívico gubernamental, frente a la demanda de mejores carreteras, el saneamiento de la ENEE o la necesidad de mejorar la infraestructura escolar? Me parece que sería muy útil que las autoridades publicaran estos estudios para que la población esté más tranquila con respecto al uso que se da a sus impuestos. ¡Eso es verdadera transparencia!

Los economistas llaman ICOR al coeficiente que mide la rentabilidad total de la inversión frente al crecimiento económico. El de Honduras es bajísimo y lo sería más si el indicador midiera el grado de complementariedad o apoyo de los esfuerzos de inversión pública a la inversión empresarial.

Si lo que las autoridades buscan es que sea la inversión pública la que genere empleos de calidad, solamente están buscando sustituir a la iniciativa empresarial en la generación de bienestar. Así no vamos a ningún lado.

Sociólogo, vicerrector de la UNAH, exministro de Planificación y Cooperación Externa, Presidente del Colegio Hondureño de Económistas.

Julio Raudales Opinión

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