trabajo

Por: Julio Raudales

Los economistas suelen llamar “trabajo” a uno de los factores de la producción. Su pago se conoce como “salarios” o “ingresos por trabajo”.

La importancia del trabajo como factor en la economía de un país puede medirse, considerando cuál es su contribución o “valor agregado” al PIB, es decir, a la riqueza nacional y puede ser más o menos importante si lo comparamos con el aporte de los otros factores (capital, renta de la propiedad, innovación tecnológica, etc.).

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En el caso de Honduras, por ejemplo, este aporte fue, según el Banco Central, de 235 mil millones de lempiras en el 2017, es decir, un 43% del valor total de la producción, mientras que las utilidades de los empresarios son aproximadamente el 30% de este valor.

Vale la pena preguntarse por qué, si el aporte del trabajo como factor es tan grande en relación con el PIB, Honduras tiene tanto desempleo y, por ende, tanta pobreza. Vale la pena examinar dos elementos: la distribución de esos ingresos por trabajo y los problemas en el mercado laboral.

En cuanto a la distribución de los ingresos, es importante destacar que, de acuerdo con un estudio llevado a cabo por la CEPAL en 2015, el 80% de los trabajadores agrícolas, reciben ingresos inferiores a 6 mil lempiras mensuales. Evidentemente, la familia de estos trabajadores vive en pobreza extrema.

Algo similar sucede con los trabajadores en las grandes ciudades: Un estudio comparativo que la Universidad de Manchester hizo en San Salvador, ciudad Guatemala y Tegucigalpa, revela que, en la capital hondureña, el 60% de los trabajadores percibe ingresos inferiores a 8 mil lempiras mensuales. Si el valor estimado por el gobierno, de la canasta básica supera los 12 mil lempiras en las áreas urbanas, ya podemos deducir cuál es el estado económico de la mayoría de las familias en las grandes ciudades.

El otro elemento que puede explicar los problemas de los trabajadores es la estructura del mercado laboral en el país. Según el INE, Honduras tenía en 2017 una población de casi 9 millones. De este total, 7 millones están en edad de trabajar. Sin embargo, solo 4 millones tienen un empleo o están buscando uno. Los demás, están estudiando o simplemente deciden no hacer nada.

Llama la atención que, de acuerdo con los datos que presenta el INE, la tasa de participación de las mujeres que viven en la zona rural sigue siendo baja: solo 37 de cada 100 busca empleo o tiene uno. Si a ello agregamos que solo el 50% de las chicas va a la escuela rural, podemos deducir que una gran cantidad de jóvenes valiosas se queda en casa.

En las ciudades sucede algo similar, aunque en menor cuantía. Más o menos la mitad de las muchachas de entre 12 y 25 años, no va a la escuela ni tiene trabajo remunerado.

En cuanto a las personas que buscan un trabajo o tienen uno, las cosas tampoco andan muy bien. El mercado laboral o PEA (Población Económicamente Activa) en Honduras es de 4 millones de personas, de los cuales unas 300 mil están destempladas. De las personas que tienen trabajo, menos de la mitad son asalariados, los demás trabajan por cuenta propia y en buena medida tienen ingresos inferiores al salario mínimo vigente.

Por ello es por lo que llama la atención que se haga tanta alharaca cuando cada año, el gobierno, los representantes sindicales y los empresarios, anuncian incrementos al salario mínimo. Este tipo de medidas, aunque positivas, en realidad afectan a una proporción muy pequeña de los trabajadores. Solamente el 5% de los asalariados gana el salario mínimo, esto equivale a unos 88 mil empleados.

De los 4 millones de trabajadores hondureños, solo 20 mil están sindicalizados y la mayoría de ellos trabajan en instituciones del gobierno.

El verdadero drama del trabajador en el país se ve en las calles de las grandes ciudades, en las aldeas y caseríos, donde muchas personas se buscan día a día el sustento en actividades que les generan poco ingreso y no les reportan ningún beneficio en términos de seguridad social.

Es necesario buscar alternativas que permitan la apertura de más puestos de trabajo de buena calidad. Mientras esto no suceda, seguiremos contando por millones la cantidad de pobres en nuestro país.

Sociólogo, vicerrector de la UNAH, exministro  de Planificación y Cooperación Externa, presidente  del Colegio Hondureño de Economistas.

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