Asesores poco fiables

Asesores poco fiables

Por: Carlos López Contreras
Ex Canciller de la República

A propósito de los informes de la Misión de Observación Electoral de la Organización de los Estados Americanos,  el titular de la Secretaría General de la OEA se ha metido a opinar tortuosamente sobre asuntos que le están vedados en atención a la independencia de la Misión y al acuerdo de observación suscrito con el Tribunal Supremo Electoral de Honduras. Por eso hemos dicho que el  funcionario internacional pone en evidencia que cuenta con  asesores poco fiables.

Los asesores están obligados a conocer de memoria el abc de los temas internacionales y de prevenir a su jefe cuando está a punto de incursionar en territorios escabrosos; en este caso, conocer en detalle las disposiciones electorales de Honduras y las buenas prácticas de la observación internacional.  Por principio, la observación debe ser neutra, no cogiendo partido ni a favor ni en contra de la oposición.

Aunque el expresidente Jorge Quiroga es conocido como un demócrata sin tacha, debido a sus compromisos internacionales, muchos de los documentos que leyó a título de informes preliminares en sus visitas itinerantes a Honduras fueron preparados por los tecnócratas de la OEA, posiblemente seleccionados por el titular de la Secretaría General.

Para infortunio del señor Quiroga, los informes preliminares y también el definitivo, fueron poco concluyentes.  Y en el aspecto de informática, dejaron un flanco muy vulnerable.

Las imputaciones hechas contra la firma peruana Vukanovich con relación al manejo de la base de datos, no resistieron la réplica de su principal representante y presidente de la empresa, señor Theodore Dale Vukanovich que viajó exprofeso  a Washington a presentar expresión de agravios al titular de la Secretaría General de la OEA.

Según ha trascendido, en ese aspecto, el informe de la OEA está dispuesto a rectificar.  Y no es poca cosa, porque el tema informático representa el fundamento de las  conclusiones de la Misión de Observación.

La pregunta clave entonces es, si aceptan rectificar sobre la trasparencia del servicio prestado por la empresa Vukanovich, ¿sostendrán todavía que no tienen certeza de quién fue el ganador?

Una mirada a lo ocurrido en el estado de Alabama debería inducir a los tecnócratas a ser un poco humildes en sus apreciaciones, pues allí el 12 de diciembre de 2017, se disputaban un asiento en el Senado Federal el candidato  Republicano Roy Moore y el demócrata Doug Jones.

Con  el 57% de los votos escrutados iba perdiendo por 7 puntos el candidato demócrata, pero con el 70%, la ventaja republicana era de 3%; con el 86%, se redujo al  .2%  y, al final, el candidato demócrata se impuso con 49.9 contra 48.4 por 1.5%.

Si a los tecnócratas de la OEA les hubiera tocado observar esa elección y al profesor Irfan Noorudin de la Universidad de Georgetown  analizarla, probablemente los primeros dirían que no hay certeza del resultado y el segundo que no es muy plausible que se produjera esa reversión sospechosa, opiniones que harían muy feliz al presidente Donald Trump y a la mayoría republicana en el Senado y seguramente indignaría a los demócratas, que no decir del senador demócrata electo.

El titular de la Secretaría General de la OEA seguramente divulgaría un tweet expresando que debido a la falta de certeza en el resultado, recomienda que se repita la elección.
En un contraste abismal con el informe de la Misión de Observación de la  OEA, el de la Unión Europea, en resumen dijo: que compararon 14 mil actas entregados por la Alianza con las de la página web del TSE y fueron consistentes; que compararon aleatoriamente 300 actas de las por ellos observadas y que fueron idénticas a las que ofrece la página web del TSE; que los cotejos hechos de las actas por el TSE fue transparente; que la impugnación de la Alianza a los resultados del voto presidencial no acompañó los medios de prueba.

Entonces, ¿cuál es el problema?

La misión fundamental de la OEA, como organización regional en el marco de las Naciones Unidas –que no debe contrariar  sus propósitos y principios universales– es procurar la paz y la cooperación entre los estados y abstenerse de fomentar la desestabilización de sus estados miembros y el avivamiento de pasiones sectarias que puedan desencadenar insurrección y conflicto armado.

Con la poca calidad de asesoría que hemos advertido, un funcionario internacional bien remunerado corre el riesgo de perder su oficio.  Pero la culpa no siempre es de los asesores, sino que, en la mayoría de las veces, de quien los contrata.

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