Por Mario E. Fumero

Cuando hablamos de “seducción”, hablamos de un término que envuelve la atracción de las personas mediante una tentación que les lleva a caer en una trampa. Esta trampa puede ser sexual, económica o de alguna acción de corrupción. La corrupción tiene muchas formas, puede llamarse coimas, soborno, extorsión, chantaje, comisiones o adulteración de documentos. La Biblia enseña que el pecado nace como consecuencia de ser atraído y seducido por nuestros deseos carnales (concupiscencia) el cual una vez concebido, da a luz al pecado y este produce la muerte espiritual (Santiago 1:13-15).

El mejor aliado del diablo, y de la corrupción, es la ambición y el amor al dinero, del cual afirma Pablo que es raíz de todos los males (1 Timoteo 6:19). Es por ello que en el mundo en el que vivimos, los políticos y religiosos son capaces de vender sus principios ante aquel que le haga una gran oferta económica tentadora, porque el poder del dinero puede comprar las conciencias y acallar las protestas de aquellos que tratan de combatir lo injusto, incorrecto e inmoral.

Uno de los males más grande que padece la sociedad moderna es la forma en que los poderes dominantes tratan de comparar las conciencias para silenciar muchas veces la verdad, y encubrir con mentiras lo que es falso. Esto lo vemos a diario en el campo de la política, y también en los mensajes de muchos pastores en las iglesias cristianas, y en donde las personas son atraídas y seducidas con falsas promesas y esperanzas, que les lleva muchas veces a la frustración religiosa.

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Algunos expertos en analizar la problemática mundial sobre la corrupción y el despotismo, afirman que quien controle los medios de comunicación y la economía, fácilmente podrá controlar y manipular las conciencias de la mayoría de las personas y a los políticos de turno. Cuando estamos en necesidad económica, o enfrentamos situaciones difíciles, somos vulnerables para ser atraídos y seducidos por la corrupción, de la cual casi nadie se escapa, ni siquiera aquellos que predican a Jesucristo, el cual combatió la inmoralidad y la corrupción, condenando radicalmente la hipocresía de aquellos que siendo religiosos, se aprovechaban de los débiles y desposeídos, para diezmarle la menta, el eneldo y el comino, especias muy costosas en la época bíblica (Mateo 23:23).

Cuando nuestra conciencia no está fundamentada en los valores de la fe cristiana, y cuando somos presionados por los deseos carnales, fácilmente podemos traicionar nuestros principios. No toda la información que recibimos, ni toda la percepción que tenemos sobre la realidad existente es real. Solo podemos tener una conciencia recta cuando podamos discernir la mentira de la verdad, y juzgarlo todo de acuerdo a los valores que se fundamentan en el conocimiento de la Palabra de Dios, y no sedamos ante la tentación del sistema, que muchas veces, con astucia nos quiere llevar a actuar de forma incorrecta.

Ser recto en un mundo incorrecto nos lleva a tener que pagar un precio, y no es fácil hoy día poder sostener nuestros principios, cuando de forma constante estamos siendo invadidos por mentiras y engaños, careciendo muchas veces de la capacidad que juzgar y discernir la diferencia entre lo que es justo de lo que es injusto, entre lo que es verdadero, de lo que es falso. Dios nos ayude a despertar las conciencias y a evitar que caigamos en la tentación de claudicar nuestros valores, para adaptarnos a la triste realidad de un mundo corrupto, que va rumbo al caos y al fracaso.

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