Defender

Parte del electorado prefiere lo más fácil, lo que no exija pensamiento, menos
responsabilidad, algunos candidatos presidenciales igualmente prefieren lo más
fácil, lo que no exija pensamiento, menos responsabilidad. Candidatos a quienes
insultar se les hizo natural, disfrutan el histrionismo y lo enfatizan, la demagogia
es exhibida con orgullo, como la ignorancia cargada a tuto, a pesar del viaje en el
que pasaron la universidad sin que la universidad pasara por ellos, nos restriegan
la cara con su diminuto acervo cultural, sus malos modales y peores costumbres,
sus ideas fuerza muy débiles, profundidad ausente, banalidad entonces. ¿Es así
como serían de presidentes? ¿Por qué especular lo contrario? Hay que votar por
quien convenga, sea o no de agrado personal.

Hay que votar por quien sea coherente, con dominio propio, en adición a los atributos básicos de capacidad yhonestidad. No basta que se los atribuyan a sí mismos, debemos aplicar el discernimiento y no dejarnos engañar. De saber perder, tampoco quieren saber.
Aunque saber perder como saber ganar sean concomitantes en quienes se espera
entrañen el dechado de virtudes indispensables para dirigir una nación. Que es lo
que parece dejó de interesar a la mayoría de votantes.

Publicidad

Es alarmante que se considere otorgar votos en sentido negativo: en contra de alguien en vez de a favor de alguien. Elegir no por esperanza. Que sea el odio y no el amor por sí
mismos y por los demás el que defina la decisión trascendental tomada al ejercer
el sufragio. Es que no es solo asunto de tener buenas ideas o voz altisonante. Se
trata de que en efecto puedan ser buenos gobernantes. Y cada vez es más dudoso.
Ellos están solo para ganar o ganar. La autocrítica, natural en organismos sanos,
se las borró la soberbia. Solos se labran potencial derrota y desde ya niegan el
reconocimiento al que están obligados. Pierden. Dan la impresión de autovedarse
el triunfo. Los votantes se retraen.

La locuacidad exhibida, asusta. Qué nos sucedería por mentes tan dispersas, atrapadas por la amargura, con extraños principios y valores, dúctiles y maleables, “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Con apariciones desafortunadas, no se atisba en qué forma podrían alzarse con la victoria. Pero puede pasar. ¿Pero si no pasa? Ese germen
autodestructivo que se esparce, división, nos amenaza. En política todo es
posible, a eso le apuestan. Porque aspirar a la Presidencia se les hizo un juego.
Otra meta más. Pero hay que confiar en la inteligencia del pueblo. Sin perfección
en ninguna candidatura, elegirá la que menos le afecte, a la espera de tiempos
mejores y de candidaturas mejores.

Por mientras, las autoridades y cada votante tienen que convertirse en garantes del proceso electoral. Que ni la mínima expresión de fraude se manifieste, porque debe ser respetada la voluntad popular y para no dar ocasión a los perdedores, hacedores de su propia derrota, de desacreditar el proceso electoral y a nuestro país. Que mal ejemplo les dio por seguir, el de los que han acrecido fortunas a punta de denigrar nuestra nación. ¡A
defender nuestro país! ¡A votar!

Por: Luz Ernestina Mejía