Gaspar Vallecillo
Garpar Vallecillo

Por Gaspar Vallecillo

Esperamos, y demandamos, que el electo Presidente sepa distinguir, discernir,
disentir y consensuar para aplicar su teoría a la práctica. Esa que repitió para
convencer a quienes votaron por él ante la expectativa de una comunidad
incrédula por haber sido siempre embaucada.
Esperamos que sea inteligente y diligente. Muchas actuaciones reñidas con la
ética y la moral nos hacen mirar con triste atención el espectáculo que mancha,
contagia y adversa toda buena razón ejerciendo con mala voluntad y peores
resultados la gestión gubernamental. Nunca nos mienta.
Todos somos corresponsables de su desempeño, nos dejamos engañar con
promesas repetidas, nos manchamos el dedo sin mancharnos la conciencia al ser
cívicamente incoherentes e incumplimos la misión de ciudadanos responsables.
Sin valores ni moral.
El sectario no expone propuestas reales que rompan el esquema del
tradicionalismo. Hacen política vernácula sobrados de soberbia, ignorancia,
indiferencia e ignominia y se reparten la pobreza del pueblo que los hizo líderes
de su crisis.
Las causales de sus causas están demostradas, las consecuencias de su
inconsecuencia harto comprobadas. Jamás ha sido real el compromiso con el
pueblo mas sí lo es con el adular que obnubila. Termine con el nepotismo.
Jamás olvide que el soñado Estado de derecho es una farsa cuando aplica
injusticia amparados en fiscales y jueces inmorales afines al poder. Todos abusan
de pasividad y conformismo que enferma pasiones para continuar en el
desenfreno corrupto y no aviva razones para exigir respeto, cumplimiento y freno
a tantas ilegales situaciones.
Cumpla y haga cumplir la ley. Detenga esa permanente acusación de todos
contra todos. Por politiquería estamos tocando fondo.
La impunidad capea por todos lados, sabida y silenciada, nadie hasta ahora ha
actuado contra los corruptos que los rodean, que bien conocen y protegen. Pero
estamos en Honduras, nuestros políticos están en otros menesteres. Que no
conocemos.

Sólo cuando se aprende a escuchar atentamente el corazón de las personas, a
escuchar sus sentimientos no comunicados, las penas no expresadas y las quejas
no proferidas, puede esperarse confianza en el pueblo. Interprete su silencio.
Cuando algo está mal satisfaga las verdaderas necesidades de sus ciudadanos.
Son prioridades. Ignoro el autor de esta verdad oportuna, “La ausencia de una
orientación cristiana sólida en tiempos de crisis propicia la gestación de
movimientos sin otra visión que la adquisición del poder y el enriquecimiento de
unos pocos a costa del empobrecimiento de miles.
La necesidad lleva a muchos a dar su voto al menos indicado solo por asegurar
un bocado de pan.
En tiempos como los que vivimos se juega la integridad y la moral; la honradez y
la dignidad humana ante todo. Los verdaderos líderes no juegan con la
demagogia para entretener, sino que declaran la verdad para responder a la
urgencia de los males que amenazan la sobrevivencia de la sociedad.
No es fácil conseguir un líder tan singular, porque los líderes están vinculados a
plataformas político-partidistas que no responden. No hay más que un poder: la
conciencia al servicio de la justicia; no hay más que una gloria: el genio, el
servicio de la verdad”.
Si me lee o se lo cuentan, atienda mi súplica que es de todos: ya que no tenemos
agallas para hacerle cumplir su obligación, téngalas usted y denos una patria
digna y respetada. Aún se puede. No nos falle.

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