“Prometeo” : ¿clásico instantáneo o posterior?
19 junio, 2012 | 3:30 PM | Imprimir
Subámosle dos rayitas a la conversación sobre el estreno de Prometeo: no se trata del regreso de su director, Ridley Scott, a la ciencia ficción. Es su regreso a la realización de películas importantes, después de muchos años (doce para ser exacto) de hacer películas seguras, genéricas y mediocres.
No sólo la afición del sci-fi está de festejo, también lo estará cualquier persona que haya pagado por ver alguna de sus películas en los últimos diez años y se haya quedado con ganas de un reembolso.
Tercera obra futurista de Ridley Scott en un lapso de treinta años y precuela entredicha de Alien, Prometeo relata una misión espacial en busca del origen de la vida humana en un planeta a dos años de distancia de la Tierra. En la tripulación se encuentran Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall), los científicos que causaron esta expedición luego de encontrar una inscripción antigua en una cueva; inspeccionando la expedición está Meredith Vickers (Charlize Theron), quien representa los intereses de la compañía que financia el viaje. El personaje clave y más interesante a bordo es David (Michael Fassbender), un androide de aspecto humano cuyas secretas intenciones representan lo más interesante de la trama.
Esta comitiva anticipa un choque entre creyentes y escépticos, pero el hallazgo que harán en el planeta en el que acaban de aterrizar no dejará tranquilos ni a hombres de ciencia ni a hombres de fe.
La garra, el hambre, la pasión y la inventiva invaden drásticamente a Ridley Scott como una transfusión intravenosa de ideas. Su cine, que ya era bastante visual aunque monótono, ahora es visual y creativo. Con enriquecedoras locaciones naturales en Islandia, una detallada especulación de cómo será la tecnología del futuro (naves, vestimenta, aparatos médicos) y portentosos efectos visuales, Prometeo tiene la clara consigna de cambiar el juego, de empujar los límites en su género. Lo que no está hecho bajo esos estándares de calidad es su guión. Se ha dicho que los mejores escritores de ficción están en la nómina de la televisión. Y Scott se alió con uno de los guionistas que ha alimentado esta nueva creencia popular. Damon Lindelof, creador de la serie Lost.
La mano de Lindelof es inconfundible. Va haciendo preguntas cuya respuesta corresponderá al espectador obtener, dejando cabos sueltos que nos tocará conectar con otros cabos sueltos, e incorporando subtramas íntimas como la de Elizabeth y Charlie o la relación de Vickers y David con Peter Weyland, el magnate anciano que auspicia la misión.
Al profundizar demasiado en el origen de la vida y cuestionar el motivo de la creación del hombre, Lindelof nos induce a un asombro demasiado meditativo y, aunque hay bastante acción en su segunda mitad, esta se despeja apresuradamente, como en el cine de catástrofes en el que falta suspenso, revelación, intriga y tensión.
El amplio análisis que está generando Prometeo comienza por la validación de su propio legado. Hay una línea delgada entre una historia con mensaje oculto y una con mensaje incompleto, entre un universo fílmico meticuloso y otro en desorden. ¿Prometeo significa algo o es un thriller espacial que no debería interpretarse más allá de sus excelentes valores de producción y el emocionante rato que brinda? Las dos posibilidades caben. Y de esta pregunta no depende el que la podamos disfrutar como el excitante espectáculo que es.
Debo confesar que mi comentario más enérgico sobre Prometeo no tiene nada qué ver con la cinta en sí misma. Mi primera reacción después de verla fue: “Entonces ¿Ridley Scott se ha abstenido todo este tiempo de hacer buenas películas de ciencia ficción y ha preferido ofrecernos pésimas películas de géneros que no domina? ¿En serio?” Si todo este tiempo ha tenido esa capacidad ¿por qué hacernos perder nuestro tiempo cinéfilo por más de una década?


