Reciclaje, clave ecológica

Por: Carlos López Contreras
Ex Canciller de la República

El crecimiento de la población en las ciudades genera toneladas de basura que no reciben un tratamiento adecuado, exponiendo a la ciudadanía a la contaminación y a contraer enfermedades, a veces incurables.

Tegucigalpa y San Pedro Sula han llegado a unos niveles de contaminación nunca antes vistos, en gran medida porque algunos de los habitantes tiran la basura en la orilla de la carretera o se acumula en las ciudades.

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La respuesta en la mayoría de las ciudades organizadas frente al fenómeno desbordante de la basura, ha sido la aplicación de las 3 Rs.: reducir, reciclar y rehusar.

Junto a las otras dos, reciclar es la clave. Pero presupone un adecuado nivel de educación para la convivencia ordenada y limpia que se obtiene con el paso del tiempo, aunque estamos conscientes que enfrentar el problema de la contaminación no debe esperar.

La basura no reciclada o desechada termina contaminando los ríos, el agua y la fauna.  A su vez, los ríos en sus largos recorridos descargan sus aguas en el mar, contaminando las costas, las playas y, en el caso del río Motagua, los arrecifes coralinos de las Islas de la Bahía, uno de los atractivos más preciados del turismo en Honduras y una de las reservas coralinas más importantes del mundo.

Sea que comprendamos el tema o no, la dinámica social nos impone la necesidad de emprender una revolución ecológica, comenzando por una de las fuentes de contaminación nacional: la basura.

Descontaminar Honduras de la basura, no es tarea fácil. Hay que comenzar por proyectos piloto hoy,  replicándolos en otras comunidades, despacio, con firmeza y sin pausa.

No se puede poner en marcha un proyecto a escala nacional de un solo. Pero si se comienza en Tegucigalpa y San Pedro Sula, y se establece una competencia altamente saludable entre las dos ciudades, el modelo a emular lo harán suyos los alcaldes de Choluteca, Ceiba, Comayagua, Puerto Cortés, Choloma, Etc.

La lucha contra la contaminación es a escala planetaria. Tiene amenazada nuestra salud y nuestras vidas y el de las futuras generaciones.

La basura no reciclada o tratada adecuadamente forma parte integral de las causas del cambio climático. Somos parte en la Convención de París, que implica obligaciones de hacer para lograr las metas allí definidas, al menos reducir  el calentamiento global a un máximo de 2º grados en el presente siglo.

El uso abusivo del plástico, por otra parte, tiene contaminados los mares por medio de la descargas de los ríos, porque el plástico no se degrada como otros desechos orgánicos, ni siquiera en el mar, y cuando se fragmenta lo consumen los peces y luego nosotros consumimos esos peces. Hay una alarma mundial por la contaminación de los mares con plástico.

Dentro de nuestra revolución ecológica hay que detener el abuso de los plásticos, hay que racionalizar su uso y, el que se usa, hay que reciclarlo.

Una manera de reciclar el plástico, las latas y las botellas sería obligar a las empresas que utilizan estos medios de venta de sus productos a disponer de maquinaria especial para su reciclaje. Los supermercados deberían también disponer de estas facilidades, como ocurre en Suecia.

Finalmente, a los antisociales que no se integran en la revolución ecológica y la cultura del reciclaje, la educación tendrá que entrarles por el dolor de pagar multas como ocurre en Suiza. La administración municipal tendría que ordenar y forzar la clasificación de la basura como ocurre en Europa y otros países, y sancionar a quienes no respeten esas clasificaciones.

Otra clasificación merecen los desechos de los hospitales. Debe recordarse que, además de los desechos normales de los hospitales, existen los radioactivos que, al no tener tratamiento adecuado, exponen a la población a contraer cáncer y otras enfermedades irreversibles.

Luchemos, entonces, en el marco de una revolución ecológica con progresiva cultura de reciclaje, por descontaminar nuestro territorio, terrestre, fluvial, lacustre y marítimo, por nuestra salud y nuestras vidas, por la de las generaciones por venir, por Honduras y por el planeta.

Para quienes no creen en una revolución ecológica, pero sí en los negocios productivos, pueden establecer empresas de reciclaje que son muy lucrativas. Lo ecológico se puede abordar por convicción o por interés, o por los dos motivos y siempre se hace patria. Usted escoja.